Social Dialogue Magazine
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Marcela López Barraza, Universidad Católica Del Maule, Escuela de Trabajo Social, Curicó – Chile

Análisis de la Formación Profesional de Trabajo Social y su Responsabilidad con la Sociedad

Entender nuestros orígenes, historia e identificarse con nuestro pasado, es un componente esencial para poder plantear nuevas posturas y abrir nuevos caminos para la disciplina de Trabajo Social. Este es un desafío que comienza en el proceso formativo y que culmina en el ejercicio profesional, según la ONU “La educación superior, tiene la responsabilidad social, de formar profesionales comprometidos con la sociedad, sabiendo que el compromiso de cada profesional, es lograr el Desarrollo Humano Social”. La Formación Profesional, adquiere una gran responsabilidad social, de contribuir al crecimiento de la sociedad a través de sus profesionales, quienes estarán a cargo de enfrentar los desafíos y responder a las emergentes problemáticas sociales. Este artículo busca entregar un análisis frente a la responsabilidad que la formación profesional de Trabajo Social Universitaria debe tener con la sociedad y los desafíos que esta le atribuye al ejercicio profesional.

La Formación Profesional Universitaria y su responsabilidad con la Sociedad

La universidad, tiene la responsabilidad social, de formar profesionales comprometidos con la sociedad, entendiendo que el compromiso de cada profesional, es lograr el Desarrollo Humano Social. De esta manera, la educación superior, tienen la responsabilidad de identificar la dirección del cambio, y tomar decisiones para integrarse al presente y proyectarse al futuro, ya que la universidad es por excelencia donde se constituye el conocimiento que permitirá cimentar el saber al servicio del desarrollo social.

La responsabilidad social universitaria, se debe entender como el compromiso que tiene la institución de difundir y poner en práctica un conjunto de conocimientos, competencias y valores que deben ser entregados atreves de la formación profesional en donde se potencie el desarrollo del ser, saber y saber hacer. Para responder a lo anterior la formación profesional debe asumir un compromiso con la sociedad y sus problemáticas sociales emergentes, como bien lo señalan las autoras Castañeda y Salame (1996), frente a la cultura de responsabilidad social en la formación profesional, plantean que está, debe asumir, el compromiso de:

Desde esta perspectiva, la formación profesional debiese considerar una oportuna transmisión de competencias y herramientas adecuadas para que cada profesional, pueda dar respuesta a las demandas de la sociedad según su área y especialidad y además debe procurar potenciar las habilidades y capacidades que a cada disciplina se le demanda. En este contexto, una de las profesiones que se ve más exigida, es la disciplina del Trabajo social, ya que es una profesión que está en contacto permanente con las personas, y que su quehacer profesional, obliga a tener una relación permanente con la sociedad y sus necesidades, esto se ve reflejado en las múltiples funciones que cumple el Trabajo Social dentro de la sociedad. El país, su desarrollo y crecimiento, requieren de profesionales preparados para enfrentar las múltiples y complejas demandas y necesidades, y dispuestos a adaptarse a los cambios y transformaciones que se expresan constantemente. La formación profesional de Trabajo Social se constituye desde la valoración de una tradición formativa que ha contribuido decisivamente a la legitimidad del quehacer profesional, pero ello no resulta suficiente. Las dinámicas emergentes y las nuevas problemáticas sociales y transformaciones estructurales que experimenta la sociedad, exigen una revisión crítica a los programas formativos, la que debe ser constante y con procesos de seguimiento, a fin de permitir una restructuración oportuna que asegure el desarrollo del ejercicio profesional acorde con la realidad social a través de una formación pertinente y de calidad.

La Sociedad Chilena ha experimentados grandes cambios a nivel económico, social, político y principalmente cultural, efectos de la globalización, de los procesos migratorios, nuevas tecnología de la información y nuevas formas de comunicación, entre otras, que han impactado y que han obligado a las distintas disciplinas a adaptar su quehacer profesional a las nuevas demandas y necesidades exigidas por esta nueva sociedad que está en constante trasformación. De esta manera los profesionales que ya están ejerciendo su profesión, han tenido que buscar, crear, innovar en la marcha, nuevas formas de intervenir en los desconocidos escenarios que la realidad social expresa, adquirir nuevas herramientas, nuevos conocimientos, nuevas competencias que permitan responder a estas exigencias y desafíos que se van manifestando día a día, ahora bien, el desafío se antepone al ejercicio profesional y pasa la responsabilidad a la formación profesional la que tiene un compromiso innegable, formar profesionales con las herramientas, competencias y conocimientos necesarios para dar respuesta a esta nueva sociedad de esta manera para la autora Elizalde (1991) “La institucionalización de esta transmisión de experiencias se expresa en los centros educativos y de formación, transmisores del conocimiento, los que enfrentados a una creciente velocidad y trascendencia en los avances científicos y tecnológicos, han derivado hacia una creciente especialización y disciplinariedad del saber”, por tanto las instituciones formadoras tiene la responsabilidad de generar profesional aptos para desenvolverse en el mundo laboral y así poder responder según sus capacidades y conocimientos a los requerimientos exigidos de los sistemas sociales.

Los desafíos de la Formación Profesional de Trabajo Social

La formación profesional es un proceso clave para el desarrollo de la disciplina al interior de la sociedad, ya que es la base que cimienta un profesional para poner en práctica las herramientas, conocimientos, competencias, valores que han sido cogidos en todo este transcurso. Desde mediados del siglo XX se producen cambios importantes en la sociedad, los que debiesen ser asumidos por la formación profesional, adaptarse y prepararse para enfrentar estos nuevos acontecimientos sociales. Para asumir estas nuevas concepciones es de vital importancia, que los proyectos formativos de las Escuelas de Trabajo Social busquen replantear sus objetivos asumiendo su responsabilidad con la realidad social en la cual se desarrolla y establecer estructuras flexibles y adecuadas que permitan preparar y formar profesionales integrales que sean partícipes de los cambios que experimenta el país.

El desafío de la formación profesional de Trabajo Social, es identificar y precisar la dirección del cambio para su transformación, proyectándose al futuro y promoviendo a la vez las medidas necesarias para posibilitar el desarrollo de las potencialidades del ser, saber y saber hacer, teniendo la responsabilidad social de disponer un conjunto competencias para el desarrollo de la disciplina, motivando métodos de investigación, innovación y proyección social, la cual exige formar profesionales con sólidos conocimientos teórico, metodológicos y éticos, ajustados al ejercicio profesional. Esto es posible al mantener un dialogo permanente con las instituciones, con el territorio, con los profesionales en ejercicio, lo que permitirá valorar y reconocer las prioridades y necesidades locales, comunales, regionales, nacional e internacional, que la sociedad requiere, como bien lo señala Margarita Rozas (1998), que el objeto de Trabajo Social se sitúa en la delicada intersección entre los procesos de reproducción cotidiana con sus respectivos obstáculos y dificultades que tienen los sectores subalternos para su reproducción, y los procesos de distribución, en donde "el objeto de intervención se construye desde la reproducción cotidiana de la vida social de los sujetos, explicitada a partir de múltiples necesidades que se expresan como demandas y carencias y que de esta forma llegan a las instituciones para ser canalizadas o no" desde allí los estudiantes forjan una relación y vinculación con la realidad social, permitiendo hacerse parte de lo que sucede allí, instalando desde ya, el compromiso social que cada profesional debe tener a la hora de poner en práctica su disciplina

Reconocer el contexto, comprender el tejido político y de gobernanza, le permitirá hacer un enlace entre lo teórico- epistemológico y la realidad social, y forjar una compresión de los fenómenos sociales, esto permitirá generar un conocimiento amplio e integral que contribuya al pensamiento crítico-reflexivo frente a los espacios en el cual este va a intervenir, lo que a su vez le permitirá asumir una posición y opinión profesional, la que puede propiciar, en su ejercicio profesional en propuestas a las políticas sociales, participando en su planificación o evaluación de estas. A partir de lo anterior, las escuelas de Trabajo Social, deben asumir el compromiso de desarrollar una formación profesional integral, la que debe ser entendida como aquella que forma a una persona como profesional, y que por tanto debe involucrarse como agente de cambio, mediante su actividad, con responsabilidad transformadora de la realidad, teniendo en cuenta el contexto social donde se desarrolla.

La invitación es a mirar los planes formativos, replantear su estructuras, ver sus concordancias con la realidad, adecuando y reconceptualizando los antiguos esquemas y reconstruyendo lo que es necesario mejorar, buscando modelos de Formación Profesional que sean capaz de responder a las nuevas exigencias y retos que tienen los profesionales en el escenario social donde actúa. El desafío es cuidar los espacios de aprendizaje, principalmente donde el estudiante está en contacto directo con la comunidad, buscando espacios donde se posibilite la vinculación e integración entre los saberes, contribuyendo ser un aporte para las instituciones, pero poniendo el foco hacia la potenciación de aprendizajes y esto exige a las escuelas ir evaluando e innovando en los espacios donde estos se inserten, como lo plantean las autoras Castañeda y Salamé, (2005) que “Hoy en día la innovación se reconoce como una demanda permanente, en el emergente marco de las lógicas de transformación profesional que atraviesa el colectivo, asociada a las dinámicas tecnológicas, económicas que se suceden en la sociedad globalizada”. Y por ende las escuelas debiesen asumir este desafío, alinearse con los avances y asumir los cambios como parte necesaria del proceso de aprendizaje de los estudiantes.

De esta manera las Escuelas tienen una gran responsabilidad de entregar las mayores y mejores herramientas donde se configuren profesionales, capacitado para dar respuesta a las exigencias de una sociedad multidimensional y compleja que cambia y muta aceleradamente, así también lo asume Iamamoto cuando nos señala que "Uno de los mayores desafíos que el trabajador social vive en el presente, es desarrollar su capacidad de descifrar la realidad y construir propuestas de trabajos creativas y capaces de preservar y efectivizar derechos, a partir de demandas emergentes en el cotidiano. En fin, un profesional propositivo y no sólo ejecutivo" por tanto la invitación es estar alerta y problematizar sobre lo que se hace y sobre lo que es necesario hacer y entregar las competencias que permitan la comprensión de espacios complejos y múltiples en los cuales se va a intervenir.

Los académicos que imparten clases deben asumir dicho compromiso y velar para que su enseñanza sea adecuada, de calidad y ajustada al contexto social donde se va a intervenir, se hace necesario estar alerta a las transformaciones y cambios que experimenta, tanto a nivel social, económico, político y cultural, y procurar adecuar sus propuestas formativas e ir adaptando los lineamientos a las necesidades actuales y futuras que emergen, así lo destacan las autoras Castañeda y Salamé (1996) indicando la necesidad de “actualizar los marcos teórico- metodológicos, éticos-valóricos y ajustar los ejercicios técnicos-operativos a objeto de responder de mejor forma a todos estos requerimientos” volcando esto a un compromiso inevitable que todo docente debiese asumir para proporcionar sustento a las Escuelas de Trabajo Social donde se desempeña.

La formación profesional de Trabajo Social, exige permanente contacto con las personas y que su compromiso es formar profesionales al servicio de la sociedad, tratando de velar por entregar un curriculum coherente con la realidad social, el cual debe estar en constante revisión, como bien plantea Castañeda y Salame, “incesante búsqueda por nuevas respuestas frente a los requerimientos de un entorno profesional dinámico y exigente, cuyas crecientes demandas de flexibilización y polifuncionalidad, cuestionan permanentemente los contenidos de un repertorio disciplinariamente especializado” en donde obliga a las escuelas a estar en constante relación con el territorio, con las instituciones, con las comunidades y organizaciones para enfrentar el desafío de formar profesionales que desarrollen capacidades proactivas que les permitan desenvolverse en las exigentes y dinámicas del mundo laboral.

El reto es abrir espacios de discusión teórica, abrir espacios de diálogo entre disciplinas lo que nos permita construir un suelo común frente a los fenómenos sociales con los cuales vamos a intervenir, ya que estos demandan ser atendidos desde distintas miradas, distintos saberes, distintas disciplinas que ayuden a dar solución oportuna a las necesidades emergentes. Como se ha dicho anteriormente, se hace necesaria una vinculación inminente, constante, con el entorno, con las instituciones, con los profesionales que están en constante contacto con la realidad social y son ellos los que deben entregar las líneas por la cual debe ir enfocada la formación profesional. Debemos generar un lazo fuerte, no de utilización del espacio como solo un centro de práctica, sino una construcción en conjunto, en donde las instituciones y sus profesionales demanden a la formación profesional competencias, conocimientos, herramientas, aptitudes que ellos van manifestando como ineludibles para acción profesional.

Bibliografía utilizada

CASTAÑEDA P. Y SALAMÉ A. M. “Competencias profesionales y trabajo social en Chile: Estado del arte”. Informe de Sistematización elaborado para el Consorcio de Escuelas de Trabajo Social de Universidades pertenecientes al Consejo de Rectores. Proyecto MECESUP UCM 0401. Valparaíso, Temuco del 2005.
CASTAÑEDA P. Y SALAMÉ A. M. “Competencias profesionales. Conceptos y visiones en trabajo social”. Colección Cuadernos de Trabajo Social No 4. Ilustre Municipalidad de Viña del Mar y Escuela de Trabajo Social, Universidad de Valparaíso (2003).
CASTAÑEDA Y SALAMÉ (1996): Perspectiva Histórica de la Formación en Trabajo Social en Chile. Universidad de Valparaíso, Universidad de La Frontera IAMAMOTO, Marilda. O Serviço Social na Contemporaneidade: trabalho e formação profissional. São Paulo, Cortez, 1998.
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